INVESTIGACIÓN Y TRANSFORMACIÓN EDUCATIVA. Una Oportunidad desde el rol de docente.

Todo docente, para no quedarse atrapado en el sistema educativo hegemonizante que termina normalizando el proceso pedagógico al interior de las aulas y de la comunidad escolar, necesita muchas veces burlar el sistema, contradecir el sistema y pensar más allá de lo que este nos plantea. Aunque esto es costoso y coloca en riesgo el ejercicio docente, es importante asumir dos aspectos fundamentales: ser capaz de conocer los contextos donde se sitúa el ejercicio docente, comprendiendo la realidad de los alumnos y entrando sin imposiciones, con autoridad pedagógica, pero a la vez con apertura al encuentro para escuchar y conocer al otro: la familia, la comunidad y el territorio.

Lo anterior permite comprender, desde el hacer docente, la importancia de renovar el discurso y las prácticas pedagógicas, de modo que estas se incorporen a la realidad y puedan ser, desde el proceso, un aporte para la transformación. En este sentido, la importancia de la investigación adquiere un papel preponderante en el ser y el quehacer p
edagógico de todo docente que, dejando de ser transmisor de conocimiento, se convierte en puente entre el aula de clase y la comunidad educativa, en relación con la familia, la comunidad y el territorio. Esto exige salir de la zona de confort, de las rutinas normalizantes, romper los estándares hegemónicos y adentrarse en la novedad que permite conocer contextos y realidades, así como construir aspectos renovadores para que los procesos de aprendizaje tengan una apertura incluyente hacia la vida de todos los alumnos que están al frente de cada acción pedagógica, reconociendo y promoviendo su interculturalidad.

Por ende, desde la clave de la inclusión y la interculturalidad, la investigación requiere ser asumida como parte del quehacer educativo, teniendo como punto de partida el contexto donde se encuentra inserta la escuela, cuyo propósito debe transversalizar la relación entre escuela, familia, comunidad y territorio. Esto permitirá desarrollar ejercicios de transformación que, desde el aula, puedan promover transformaciones colectivas.

Desde este argumento crítico, partiendo del ejercicio docente, toda investigación con criterios de inclusión e interculturalidad debe permitir el desarrollo del encuentro para observar, escuchar y dialogar con la realidad, con el fin de construir acciones transformadoras al interior de una dinámica transversal: escuela, familia, comunidad y territorio.

Desde el análisis de los autores Parrilla (2021) y Valdés, Jiménez y Jiménez (2022), pueden destacarse algunos elementos fundamentales para comprender los aportes de la investigación en la educación inclusiva dentro del quehacer docente.

En primer lugar, toda investigación desde el aula es real y contextualizada. La inclusión y la interculturalidad requieren reconocer los contextos, porque desde ahí se encuentra la verdad y la oportunidad para transformar. Toda investigación entendida desde el contexto que arropa la escuela aporta contenido de la realidad y una oportunidad para desarrollar procesos que permitan su transformación. Los contextos contrastan con la lógica hermética del sistema educativo que desde los escritorios se reescribe sin la comprensión situacional, generando un desfase entre las políticas educativas y la realidad del territorio. Para que la educación transforme verdaderamente las vidas de los estudiantes, requiere incorporarse en la realidad que interpela día a día.

En este sentido, reconocer que la investigación en el quehacer pedagógico de todo docente tiene su origen en contextos reales y participativos permite valorar la relación entre escuela, familia, comunidad y territorio, lugares donde se presentan las adversidades de todo proceso educativo, pero que también ofrecen la posibilidad de su transformación. Cuando un docente es formado desde criterios investigativos y comprende el lugar de la escuela donde desarrolla su labor pedagógica, puede tomar distancia de los modelos tradicionales que aún imperan hegemónicamente y abrir espacios para integrar al aula la comunidad.

En segundo lugar, la investigación en el aula debe comprenderse desde el microcontexto y no desde individualidades. El aula representa un microespacio social donde se evidencian realidades de la familia, de la comunidad y del territorio. En este sentido, investigar en el aula implica observar críticamente que toda aula de clase constituye una representación de las dinámicas sociales que se desarrollan en el territorio al que pertenece la escuela. Por ello, el docente debe ampliar su mirada a partir de su acción pedagógica para conocer ese contexto y convertirse en un agente transformador en relación con otros actores.

Esto exige que la investigación se entienda desde ese microespacio territorial, donde al profundizar en sus problemáticas se puedan dinamizar procesos que permitan su transformación. En este sentido, toda investigación debe abrirse a conocer a todos, sin lógicas excluyentes, sino participativas, reconociendo no solo a la persona, sino a las personas que hacen parte de una realidad contextual.


En tercer lugar, la investigación desde el aula tiene alcances colectivos. Dinamizar la vida de una escuela requiere no solo cumplir con políticas educativas dominantes y normalizadas, sino también abrir las puertas a la realidad cotidiana para comprender cómo el aprendizaje puede servir como medio para transformar no solo el pensamiento de los estudiantes, sino también la manera en que las dinámicas familiares, comunitarias y territoriales se relacionan con la escuela. Por esta razón, la investigación debe pasar de un enfoque individualista a uno participativo y comunitario.

Toda investigación con enfoque de inclusión e interculturalidad debe favorecer la participación de la comunidad, atrayendo liderazgos y aportes que permitan observar, interpretar y transformar los contextos desde la realidad escolar. Cuando la investigación no aborda la dimensión comunitaria ni la relación entre escuela, familia y territorio, su alcance resulta incompleto. Por ello, la investigación educativa debe abrirse hacia lo colectivo e involucrar a padres de familia, liderazgos comunitarios, instituciones y otros actores del territorio que puedan aportar a la transformación de la comunidad educativa.

Abordar un proceso de investigación en educación con enfoque inclusivo también requiere romper paradigmas mentales y barreras que pueden impedir comprender la realidad. Investigar desde una perspectiva inclusiva exige evidenciar la realidad, analizarla críticamente y construir propuestas que permitan transformar las problemáticas identificadas. En este sentido, uno de los aspectos fundamentales consiste en evitar la instrumentalización de los sujetos y del contexto de investigación. El investigador debe generar relaciones de encuentro con quienes participan en la investigación, reconociendo sus voces, sus argumentos y su presencia dentro del proceso investigativo. Asimismo, es necesario desarrollar una reflexión objetiva a partir del contexto, evitando interpretaciones subjetivas que no tengan fundamento en la realidad observada.

Por otra parte, los argumentos que surgen de la investigación deben validar a los sujetos y a su contexto. Cuando el análisis investigativo se desarrolla desde discursos abstractos alejados de la realidad de las comunidades, se corre el riesgo de invisibilizar a quienes hacen parte del proceso educativo. Por ello, la investigación debe construirse desde un fundamento discursivo y ético que reconozca la realidad de los sujetos y del contexto donde se desarrolla.

Finalmente, la investigación y la escuela coproducen conocimiento. El docente no es un espectador externo del proceso investigativo, sino un actor que reconoce y articula otras voces fundamentales dentro de la realidad escolar, como las familias y la comunidad. Desde estas voces, la escuela se constituye como un sujeto activo que participa en el análisis de las problemáticas educativas y en la construcción de respuestas transformadoras. En este sentido, la escuela también produce conocimiento a partir de la realidad, de la participación y de la reflexión colectiva. Esto implica redistribuir el poder epistemológico de los saberes, reconociendo que tanto el investigador como los sujetos de la investigación participan en la construcción del conocimiento y en la generación de nuevas formas de comprender y transformar la realidad educativa.

Referencias

Parrilla, A. (2021). Pensar el desarrollo Profesional docente desde la Investigación: rutas participativas e inclusivas. Revista Latinuamericana de educación Inclusiva., 39-52.


Valdez, Jimenez y Jimenes. (2022). RADIOGRAFÍA DE LA INVESTIGACIÓN SOBRE EDUCACIÓN INCLUSIVA. Cadernos De Pesquisa, 52., 1-23.

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